Me he encontrado este texto en internet, y como me ha hecho gracia lo cuelgo.
La verdad es que el día del orgullo friki me parece una tonteria, pero en fin.
Ser friki hoy en día es una putada. No sólo porque pareces tener la obligación de decir y demostrar continuamente que eres el más grande de todos ellos (“¡Eh, miradme! ¡He colocado unos cartones en el suelo y ando sobre ellos como si fueran zamburguesas!”-”¡Pues yo sobre el lago y voy a pasar por encima!”), ni porque te sientas obligado a hablar de los mismos temas una y otra vez como si fueras un disco rallado (¡Rallado, sí, pero superfriki, colega saiyajin!), ni porque te sientas excluído del resto de la sociedad por comprar manga (ey, por cierto: No es por comprar manga, sino porque le gritaste improperios a tu abuelo cuando te preguntó quién era ese butanero de pelo rubio de tu llavero). No. Un friki de hoy en día, de esos que van a la última moda (con camisetas de Be friki, claro) y luchan cada día para ser la persona más friki del universo, tiene que tener ORGULLO. Tócate los cojones, Pedrín, con el invento. Ya no vale con ver series a porrillo, comprarte todos los cómics que salen y saberte Futurama de memoria, no. Además, tienes que sentirte ORGULLOSO de ello. Ya no es una simple afición, ahora es un orgullo que te hace diferente al resto del mundo. ¿Y cómo puedes demostrarlo? ¡Efectivamente, amigo! Atorrando al resto de la humanidad con tus simpáticos monólogos sin fin sobre por qué Hulk podría con Daredevil de un manotazo o por qué los elfos sanguinarios son la mejor raza del WOW (muy importante, pronúncia “Guou” aunque te suene estúpido. Decir “Warcraft” es de frikis perdedores). ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? ¿Que te sientes más orgulloso de haber aprobado la carrera con matrícula de honor que de tener los números secretos de Lost como contraseña secreta del cajero? ¡¡Expulsado de la etnia friki!! Y es que para sentirse orgulloso y ser un friki del nuevo milenio, hace falta pensar sólo en cosas frikazas a cada momento que pasa, tener poca o ninguna vergüenza, repetir veinte veces cada hora en voz alta “Wow, que friki soy” (también vale si te lo repites a ti mismo) y preocuparte más en incrementar tu nivel de frikismo en el requeteodioso frikitest que en pasártelo bien con tus aficiones.
Si os digo la verdad, yo me sentía muy orgulloso de ser como era antes de que este invento del orgullo saliera a la luz. No de ser friki, sino de ser yo. Me veía mis películas con los amiguetes, me conocía cada recoveco del Super Mario bros 3, coleccionaba manga y cómic a cascoporro… y sólo hablaba del tema si alguien me preguntaba sobre él. Sin avergonzarme. Oye, a unos les gusta el fútbol, a otros el Humo negro, pero tampoco es cuestión de ir demostrando que soy el más friki del mundo delante de personas a las que les importa un carajo. En el mismo momento en que el Día del Orgullo Friki salió a la luz, me temí lo peor: Una horda de estereotipos vivientes asaltando las calles, una mascota granuda y gorda con un sable láser (no lo olvideis nunca: Star wars es superfrikiquetecagach. Sí, ya sé que tiene de marginal y rarita lo que yo de bailaora flamenca, pero mejor no preguntéis) representándonos a todos. Y lo mejor fue comprobar que no había errado y que el día de la “celebración”, meterse debajo de la mesa y esperar a que el día pasara era la mejor idea posible entre los que llevábamos años metidos en el mundillo intentando pasar como alguien relativamente normal. Integrados en un grupo que se cree especial y no lo es, pero normales. Si en ese día no ibas proclamando a los cuatro vientos tu afición a los universos de ficción, eras un apestado dentro del mundillo. Y ya si no cumplías los mandamientos, ni te cuento. ¿Ah, cómo? ¿Que no sabéis de qué hablo? Estoy refiriéndome a los diez mandamientos del friki, un documento que aun resuena en el cerebro de muchos como el inicio del Apocalipsis y que aletea feliz en la conciencia de otros, creyendo que una tontería semejante representaba a un colectivo.
O sea, alguien pudo poner, sin bajar la cabeza ni avergonzarse, la palabra “orgullo” al lado de mandamientos como “Derecho a quedarse en casa”, “Derecho a no tener pareja y ser virgen hasta la edad que sea” (en serio, ¿puede ALGUIEN empeorar esta cosa?), “Derecho a tener pocos amigos (o ninguno)” (oh, vale, gracias), “Derecho al sobrepeso y la miopía”, etcétera. Uf, tomemos aire, salgamos al balcón a gritar un ratito en símbolo de luto por la raza humana inteligente y volvamos tranquilamente a hacer como que este pastizal de tópicos patéticos y faltos de ironía nunca existieron. Luego, los mismos seguidores fueron los que vinieron llorando porque un tipo escribió un artículo llamado Odio a los frikis. Que ya le vale también. Buh. Tonto. Feo. Tú también tienes derecho a tener pocos amigos o no tenerlos porque tambien eres friki. Idiota.
Os estaréis preguntando quién fue la cabeza pensante que organizó todo esto del maldito orgullo friki, y me encantaría contestaros, daros datos específicos y que fuerais a su casa machete en mano y a ritmo de Ch ch ch ah ah ah, pero la verdad es que la cosa no está nada clara. Primero, una simpática (digo yo) muchacha llamada Sil se apropió del nombre. No sé si intentó hacer algo más, porque la cosa no llevaba ni medio año abierta cuando el señor Buebo saltó con una iniciativa similar: Que si orgullo friki, descuentos en las tiendas, fiesta cantidubi molongui en general, qué frikis somos todos, jiji. Pequeño malestar entre los acólitos de Sil y Buebo, se hacen las paces, tan tranquilos y cada uno por su lado. Antes de seguir, quiero decir una cosa. Nunca jamás me suelo meter con los bloggers porque cada cual tiene su cosa, mejor o peor, y soy el primero criticado y criticable (y porque después los bloggers en cuestión me terminarán devolviendo la pelota con especial dolor, fuerza, sangre, moratones y mala hostia en general), pero esta vez tengo que decirlo: El señor Buebo me cae como el ojete. Y me explico. Los de Ozú, una web que yo recordaba como buscador de aquellos tiempos en que navegaba en el ciber mientras comía nubes de gominola, se fijaron en la fiesta que estaba preparando el buen muchacho (por aquel entonces “buen muchacho”, después “hermanito cabreado de Satán”) y decidieron apoyar el día realizando una fiesta propia con premios y demás, un concurso de los blogs más frikis (entre los que estaba el tal Buebo, por cierto), etcétera. Ya sabéis, cuantos más somos, más nos divertiremos, jiji.
Pues no. A ver si nos enteramos, colegas de Ozú. La cosa no iba de diversión ni de pasárselo bien. El señor Buebo, abanderado del frikismo y friki número uno de España, había empezado ya la fiesta (¿cómo? ¿que a un mes del día D sólo había quedado claro que habría un Pac-man con personajes reales y descuentos del 5% en un par de librerías si te plantabas delante del librero y le decías, con tu par de cojones, “soy friki, dame descuento ahora”? ¡¡Excusas!! ¡¡Los superfrikis llaman fiesta a lo que quieren y punto, que para algo son superfrikis con mandamientos!!) y el señor Buebo iba a acabarla. Y punto. Así comenzó una campaña de acoso y derribo contra Ozú que terminó como terminó: Con los de la gran corporación intentando marcharse por patas y el señor Buebo saliendo en las portadas de los periódicos (uh, bueno, de un magazine… y le nombraban de pasada en el 20 minutos…) y anunciando en su blog que él, el gran creador y organizador, líder absoluto de la manada, era el responsable del gran éxito del Día del Orgullo friki. La fiesta en sí, pues hombre, fue un fracaso prepotente. Se acercaron unos cuantos tipos, hicieron como que se lo pasaban bien y se volvieron a sus casas. A la cosa le faltaba chicha. Por suerte, los de Ozú volvieron a la carga (no sé como se atrevieron ante el superpotente señor Buebo, que tenía las únicas camisetas OFICIALES del Orgullo friki…como si alguien con dos dedos de frente las quisiera llevar por la calle, vaya) y realizaron una fiesta de esas en las que merece la pena estar: A cubierto, hasta altas horas de la mañana, con concierto de los genialísimos y merecedores de muchísimo más Calipo A, premios de verdad, concursos de verdad y demás. Por supuesto, el mérito volvió a ser del señor Buebo. Eh, ¿se nota que el tipo me cae mal y que la historia sólo la conozco de oídas?
Lo que el señor Buebo y el señor Ozú deberían plantearse es una pregunta básica que no se han hecho o no han querido hacerse hasta ahora: ¿Hace falta un día del orgullo friki? ¿REALMENTE hace falta o lo ha hecho en algún momento? Tendría cierto sentido en los inicios de los años 90, cuando la cosa era muy underground y muy tapada, pero no ahora, cuando hasta el perro de la abuela se come tu tomo de Bleach y ya es un friki del copón bendito. Y es que esto puede llevar a días desastrosos: ¿Quién no se ha imaginado a raíz de esto el día del orgullo cani (¡Con un apasionante concurso de palabras masculladas e incomprensibles!), del orgullo emo (¡Haz la mejor poesía deprimente y sin rima y gana esta fabulosa cuchilla oxidada!), del orgullo gafapasta (¡Maratones de las películas de Warhol a cámara lenta!) o del orgullo pijo (¡Cursos para aprender a decir “osea”! ¡Tomad Madrid a gritos de “es super”, chicos!)? Lo sé, suena estúpido. Pues ahora imaginad cómo os ven desde fuera de los colectivos. ¿Es necesario que los frikis salgan a la calle como si fueran imbéciles a hacer muchas más imbecilidades que en el día a día y sin razón aparente? Una cosa es ir disfrazado a un salón del manga o a un carnaval, pero un día en mitad de mayo en una plaza cualquiera de Madrid… No, por favor. No. Un poco de autocrítica no viene mal de vez en cuando.
No me entiendan mal: Todos hemos pasado por esa época en que descubrimos el mundillo y no comprendemos cómo el resto del mundo no se puede apasionar por nuestra tirada antológica de Vampiro o por el One more day, pero se pasa en dos meses. Tres, a lo sumo. No hace falta vivir en esa espiral de histeria en la que hablar mal de una serie que te gusta significa el final de la amistad y casi de tu propia vida. A mi no me engañan: Estas cosas no se hacen para pasarlo bien, por mucho que digan que sí. Quizá sí a los 18 y antes, cuando lo más probable es que todo esto sea una moda que se te pase en cuanto descubras que donde realmente se moja es en Pachá y que las gotilolis no están abiertas a nuevas experiencias lúbricas contigo, pero no creo que un universitario de pro tenga ganas de ir. Y es que el único objetivo de levantarte una mañana y gritar “¡¡Soy friki!!” al universo es el de llamar la atención y creerte diferente al resto de las patéticas hormiguitas que van a trabajar. Tú no tienes trabajo, pero eres friki. Wow, qué envidia, tío. Fírmame un autógrafo, superfriki.
Y todo este rollazo viene por una razón. Porque podré poner mucha crítica y mucha mala hostia y mucha tontería, pero este año yo estaré allí. ¡¡Tranquilos, fanboys!! ¡¡No empiecen a rellenar aquí abajo tonterías del estilo “No sé qn ers xo ers1ipocrita Naruto la mejor tu eres un pijo d mierd t matare”!! ¡Dejen que les explique! ¿Qué me hará este año recular, bajar la cabeza e intentar disfrutar de las actividades que nos tienen preparados Ozú y, supongo, el señor Buebo? ¿Será que las tiendas de cómics en su conjunto han decidido darnos descuentos a tdos los clientes? Ja. Sí, van a perder dinero para apoyar causas de cuatro frikitos de manual menores de edad. No tienen nada mejor que hacer. ¿Entonces es acaso por mezclarse con el ambiente y conocer gente? Pues no, oigan. Ya tengo a mi gente, que hace años que ni masculla el término “friki”. ¿Es por ver a Rodolfo Chikilicuatre en pantalla grande haciendo un delicioso ridículo en Eurovisión? Uh. Aun me pregunto qué demonios pinta el Chikilicuatre en mitad de una celebración del orgullo friki, entendido este término como su concepción original. Miedo me da cuando las definiciones variadas de la palabra están empezando a juntarse en “eventos oficiales”. Miedo me da. ¿Es por las campanadas frikis, eh? Uy, sí. Estoy deseando hacer el ridículo mientras como doce gominolas a las doce de la noche celebrando el “nuevo año friki”. Luego los chavales se extrañarán de que no pillan cuando le cuentan estas aventuras a sus compañeritas de clase. En fin. Si voy es porque Calipo A, el grupo que les contaba antes y que es muchísimo más que “el grupo de Viruete” (de hecho debo reconocer estar totalmente encandilado por David, su Bob el silencioso particular), que presentará nuevas canciones y que les recomiendo encarecidamente (sí, además, pueden pillar su primera maqueta, Watch to the future, mejor que mejor). Sí, al fin aciertan en algo. Ojalá el concierto no viniera equipado con frikis pesados de serie.
En fin. Como dice sabiamente el gran Jei, “yo no sé si esto del llamado frikismo me va a durar para siempre o es algo pasajero. Ahora me divierte, y hace quince años que lo hace, pero quizá un día me empiece a aburrir y haga lo que hago por obligación y rutina. Entonces no dudes que lo colgaré todo de repente y me iré a hacer lo que realmente me apetezca, sean carreras de coches o tirarme en paracaídas. ¿Para eso están los hobbys, no? Para divertirse”. Pues eso. Que cuando detrás de algo como el “orgullo friki” hay luchas de poder por la creación del evento, poca diversión y fanboys que se sienten atacados en lo más hondo de su corazón cuando leen los (lógicos) artículos que los periódicos les dedican el día siguiente, es que hay que plantearse algo urgentemente: La cosa falla en la base. La diversión y la espontaneidad son las bases del frikismo bien entendido, y no las obligaciones y el ceñirse a unas reglas establecidas para pasárselo bien.
Pasen un feliz día de la toalla este sábado.
Día del orgullo Friki
Publicado por nero en 21:45
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3 comentarios:
Pero que cojones me estas contando asus
Madre mia..como diria bisbal esto es..INCREIBLE
Dos cosas:
1.) No se dice Elfos Sanguinarios... Son Elfos de Sangre (o, en su defecto y como diria Gepeto, Blood Elves "Vludelvs")
2.) "Una horda de estereotipos vivientes asaltando las calles, una mascota granuda y gorda con un sable láser" ... La Horda solo son Orcos, Trols, Taurens, No-Muertos y Elfos de Sangre ¬¬
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